Por Jorge Olmos Contreras
Toda una vida no es suficiente, ellas lo dan todo, dejan atrás hijos, esposos y a veces hasta algún familiar enfermo, por trabajar todos los días en el servicio público, detrás de un escritorio, bajo el yugo de una máquina de escribir, una computadora o un montón de papeles. Lo dan todo, son mujeres valiosas con un profundo amor por servir, son las secretarias, esas bellas personas que a veces quedan en el olvido porque, una vez jubiladas, desaparecen de la escena pública; algunas se quedan solas, otras enfermas y una más mueren en condiciones de pobreza.