Por Jorge Olmos Contreras
Entre marzo y abril de este año, la señora Lía Castro y su lugarteniente, que después hizo tesorero, se relamían los labios, se afilaban las uñas y observaban con malicia, morbo y con un enorme placer, cómo el proyecto político de la entonces presidente municipal para repetir en el encargo, Mirtha Villalvazo, se caía a pedazos y se iba al fondo de un abismo del que ya nunca saldría. Al ser la suplente de su comadre Mirtha, Lía sabía que sería alcaldesa por los últimos seis meses del XI Ayuntamiento de Bahía de Banderas, y ni tardo ni perezosa, preparó el terreno para tomar por asalto la administración del gobierno del vecino municipio.