Por Jorge Olmos Contreras
Si usted piensa inscribir a su hijo en el colegio Tepeyac para el próximo ciclo escolar, piénselo dos veces, toda vez que esta empresa educativa no ha hecho prácticamente nada para exigir a las autoridades que terminen con la contaminación que provocan –de día y de noche—las ladrilleras que operan a unos cuantos metros del plantel y que representan un grave foco de salud pública para cientos de alumnos que estudian en esa escuela privada.