Por Jorge Olmos Contreras
Como era de esperarse, pudieron más los intereses personales y de grupo, que los de la propia Universidad. No bastaron los señalamientos del “trienio sabático” de Marco Antonio Cortés Guardado, ni el manejo desaseado de su secretaria administrativa, Gloria Angélica Hernández Obledo, en la asignación de contratos directos y otros concursados, pero severamente cuestionados, que implicaron el gasto de cientos de millones de pesos; tampoco fue tomada en cuenta la denuncia pública que hicimos sobre la estirpe del señor Guardado y la negra historia de su hermano Arturo (implicado en el asesinato de un infante); ni habrían sido suficientes otros argumentos, ni ningún otro señalamiento igual de grave contra Marco Antonio, pues la decisión de cobijarlo vino de muy arriba, de allá donde Raúl Padilla López tiene su feudo y controla todo lo que tenga que ver con esta querida, pero sufrida institución, alma mater de todos los que hemos pasado alguna vez por sus aulas.